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Un testarudo soberano tan ancho como alto, cuya corona pesa tanto que le impide mirar el suelo, obligándole a mantener siempre la barbilla en alto por puro orgullo. Viste tantas capas de placas rúnicas que si tropieza necesita a tres vasallos con palancas para ponerlo en pie, pero en batalla es un yunque viviente: insulta a los gigantes por «ser demasiado altos para ser respetables» y aplasta orcos mientras se queja en voz alta de que la juventud ya no sabe forjar hachas como las de antes.