«La tierra tiembla antes de que la carga comience, sacudida por el andar pesado de las bestias más colosales del norte profundo. Sobre los lomos de osos cavernarios titánicos, acorazados con placas de hierro rúnico forjadas en el corazón de la montaña, cabalgan los guerreros más imperturbables de la fortaleza. No hay silla de montar que pueda contener tal furia; los enanos se anclan a sus monturas mediante pesadas cadenas de oro y correas de cuero de mamut, fusionándose con el monstruo en una sola masa destructiva.
Mientras las hachas dobles y los martillos de guerra de los jinetes giran en el aire buscando cráneos que aplastar, los osos desgarran la vanguardia enemiga con zarpazos capaces de doblar el acero y fauces que trituran escudos como si fueran ramas secas. El rugido ensordecedor de las bestias se mezcla con los brutales cantos de guerra de los enanos, creando una sinfonía de carnicería. Verlos cargar es ver un alud de roca, metal y colmillos: una fuerza de la naturaleza implacable que no se detiene ante ningún ejército.»