Corsarios renegados de barbas trenzadas con pólvora y parches de cuero, curtidos por la sal y el ron de contrabando. Armados hasta los dientes con trabucos de repetición, hachas de abordaje y prótesis de hierro rúnico, defienden sus galeones blindados con la terquedad de la montaña y asaltan las costas buscando oro para llenar sus cofres flotantes.